Odontología: sus misterios y evolución

Textos originales: Dr. Antonio Vásquez Mendoza

Cabeza utilizada por los estudiantes de odontología para realizar practicas en la década de 1800.
Pierre Fauchard, un dentista francés es considerado el Padre de la Odontología, principalmente por sus grandes aportes a la odontología, particularmente por la profesionalización de la práctica dental y la publicación de “Le chirugien dentiste; ou, traité des dents” ( el cirujano dentista; o tratado sobre los dientes) en 1728, donde define las enfermedades del diente, encías y del hueso de soporte, presenta casos clínicos, el instrumental quirúrgico, las operaciones a realizar, diseño de prótesis, incluso daba algunos consejos sobre higiene dental. En este libro aparece por primera vez juntos el nombre de cirujano dentista tal y como lo conocemos hoy.

Aunque en la Antigüedad ya se utilizaban remedios contra la halitosis, el primero que se vendió, en 1880, fue Listerine. Su inventor, Joseph Lawrence, lo llamó así en honor del cirujano inglés Joseph Lister, quien ha pasado a la historia de la medicina por haber introducido drásticas medidas sanitarias en las salas de operaciones.

El Homo neanderthalensis con origen común al Homo sapiens
poseía una proyección facial hacia delante que muestra sus repercusiones en la configuración dental, permitiendo la aparición de un espacio entre el último molar y la rama ascendente de la mandíbula (espacio retromolar), en el cual había espacio suficiente para haber albergado un hipotético cuarto molar en caso de necesidad. La dentición de los neandertales muestra una ligera diferenciación entre las piezas anteriores, más prominentes y con signos de uso intensivo, y las piezas posteriores, de un tamaño más reducido.

Agustín, Jordi; Antón, Mauricio (2011). «”Los neandetales”». La gran migración.

Las suturas de fin de siglo se mantuvieron estériles en ampollas de vidrio llenas de alcohol. Los que se ven aquí todavía serían estériles, ya que su alcohol no se ha evaporado debido a la falta de flujo de aire en su carcasa de vidrio.

ANTIGUO EGIPTO.
• Nefer-Ir-Ete. (fabricante de dientes)
• Algunas momias presentaban infecciones graves, caries pérdidas de piezas dentarias aunque también se han descrito dientes con sujeciones artificiales y prótesis con bandas y alambres de oro.
• Etruscos: Utilizaban marfil y conchas como material de implantes dentarios.
• Probablemente el punzón de fuego se empleó para drenar abscesos, aunque el tratamiento de la mayor parte de las infecciones consistía en la administración de medicamentos dirigidos a extraer gusanos.
• La idea de que los gusanos eran la causa de las enfermedades dentarias estuvo también vigente en Mesopotamia y fue recogida por la medicina occidental de toda la edad media, manteniéndose hasta siglos recientes.
En el museo de El Cario se exhibe un fragmento de madera de la tumba de Hesy-Ra en el que aparece su cargo de jefe de dentistas y médicos con el titulo de ” el más grande de los médicos que tratan los dientes”. La tablilla data del año 3000 a.c. y se considera el testimonio más antiguo de un médico dedicado a la odontología.

Escena del Mural de Tepantitla (Mexico) en la que un personaje Teothiuacano está realizando actividades odontológicas, quizá un limado dental utilizando como herramienta una piedra tallada o un cuchillo de obsidiana.
El limado de las piezas dentales era una técnica muy común en época prehispánica. No se realizaban con fines terapéuticos, curativos o reparadores, sino por motivos religiosos, sociales o estéticos.
Después del limado en algunos casos, se llevaban a cabo incrustaciones. Se realizaban con un taladro manual en forma de arco, como abrasivo utilizaban polvo de cuarzo con agua y para las incrustaciones materiales de la zona: pirita de hierro (que pulida da un brillo similar al oro), jadeíta de colores verdosos, o bien turquesas de tonos azules.
Para realizar estos trabajos sería necesario tener profundos conocimientos de anatomía dental, saber preparar analgésicos naturales, y utilizar potentes pegamentos o cementos. Linné investigador sueco y estudioso de Mesoamérica, expresó su sorpresa al observar que en numerosas piezas dentales, este cemento había cumplido su finalidad después de 1,500 años: “mientras el nuestro, a pesar de nuestra avanzada técnica, ni siquiera dura la vida de un paciente.” Su composición total aún se desconoce, se cree que estaban fabricados con resina de copal mezclada con otra sustancia, quizá ceniza volcánica , o polvo de dientes.
En la actualidad, la colección de dientes con limadura y/o incrustación de la Dirección de Antropología Física del INAH está formada por mas de dos mil piezas.


La dentadura del Arzobispo Arthur Richard Dillon (1721 – 1807), fue una de las primeras dentaduras de porcelana.
Fabricada tal vez por Dubois de Chemant, y realizada en el último tercio del s XVIII, apareció en el cementerio de la antigua iglesia de St Pancras y actualmente expuesta en el Museo de Londres.
De su observación, se desprende que habría sido largamente utilizada no para meros fines estéticos o vocales, sino para la debida masticación.

Dentadura tallada en marfil de hipopótamo. Al parecer mucho más resistentes que las elaboradas con marfil de elefante o de morsa.
Fue fabricada en Inglaterra en 1795 y aún conserva su caja de porcelana decorada.
Sólo la realeza o las clases mas altas podían permitirse prótesis de este tipo. A pesar de su elevado coste, dejaban mucho que desear. Eran difíciles de limpiar, se deterioraban con el tiempo y producían un olor desagradable.

ANESTESIA DENTAL
El Wilcox-Jewett Obtunder.
Utilizado por los dentistas en 1905 para inyectar una solución de cocaína en las encías con fines anestésicos.
Girando el “gatillo” se podía administrar hasta seis descargas.

Mujer dentista de 1908.

En 1856, una joven se enfrenta el terror de la extracción de un diente.
La paciente agarra fuertemente su muñeca, mientras el “dentista” (posiblemente barbero o sangrador) oculta en su espalda una “llave de extracción dental”.
Pintura realizada por el artista italiano Luiciano Nezzo.

En 1855 el cirujano y dentista italiano Giovanni Platerio, decidió abandonar la posición habitual en la que los dentistas de la época atendían a sus pacientes: apretando entre sus rodillas la cabeza del enfermo.
Para ello ideó y desarrolló un sillón reclinable, bajo, de respaldo reducido, que permitía un mejor acceso a la cavidad bucal y una mayor comodidad de la persona que iba a la consulta.
Pero para algunos autores, el sillón de Platerio no fue el primero en instalarse en las consultas de los dentistas. En el siglo XVIII los sacamuelas ya habían hecho suya la silla de madera de los peluqueros, a la que colocaron a cada lado un reposabrazos, para que los pacientes se aferrasen con fuerza en el momento de la extracción. Más tarde, le añadieron el reposacabezas y en 1790 Josiah Flagg tuvo la deferencia de acolcharlo.

Hace algunos años, en muchas aldeas de España, el único modo de terminar con un insufrible dolor de muelas era acudir a los curanderos ambulantes de la época.
Sin ningún tipo de preparación, estos dentistas ocasionales, iban de pueblo en pueblo ofreciendo sus servicios, extrayendo las piezas dentales dañadas prácticamente sin anestesia y sin ninguna medida de higiene.
El sacamuelas más prestigioso del momento prestaba sus servicios en Bilbao, se hacía llamar Doctor Secuat y supuestamente era inglés, por lo que viajaba acompañado siempre de un traductor. Según algunos relatos, tenía un gran sentido de lo majestuoso y desfilaba por la villa en un coche rojo tirado por cuatro caballos y precedido de una charanga con cuatro músicos. Secuat, se jactaba de realizar extracciones dentales, con prontitud, aseo y sin dolor por un módico precio, por lo que “gentes de pañuelo en el papo acudían a él y extraía un diente o una muela, blandiendo una especie de sacabocados”. Actuaba de 10 de la noche a 12, en el solar que hoy ocupa la Sociedad Bilbaína antes del año 1913. A la hora de la extracción, para atenuar y confundir los gritos del paciente, la charanga atacaba con el mayor estrépito posible la partitura.

Esta foto del archivo Foral de la Diputación de Bizkaia, muestra el momento en el que el Dr. Secuat realizaba su trabajo como sacamuelas y no solo éso, también curaba el reumatismo por sugestión, daba friegas de “Aceite de Secuat” y “la Flor de la Sabana”, ungüentos preparados en una botica de la calle Vda. de Epalza.

La odontología cosmética parece haber estado de moda entre los vikingos hace ya un milenio.
Tras examinar 22 cráneos hallados en cuatro cementerios suecos, Caroline Arcini, del Consejo de Patrimonio Nacional de Suecia, descubrió que ya se hacían surcos en los dientes superiores, quizás con herramientas de piedra o hierro. La ubicación y uniformidad de las marcas sugieren que los vikingos no se hacían daño al limar su dentadura.
Es probable que estas hendiduras, tal vez coloreadas con grasa y carbón, denotaran la profesión o fueran distintivos de honor para los guerreros. “Sobre todo el rellenado con pigmento, de estos surcos les haría parecer aún más aterradores para los monjes y aldeanos cristianos”
El arreglo dental se practica en diversas culturas alrededor del mundo, pero nunca había sido observado en Europa.

La odontología cosmética parece haber estado de moda entre los vikingos hace ya un milenio.
Tras examinar 22 cráneos hallados en cuatro cementerios suecos, Caroline Arcini, del Consejo de Patrimonio Nacional de Suecia, descubrió que ya se hacían surcos en los dientes superiores, quizás con herramientas de piedra o hierro. La ubicación y uniformidad de las marcas sugieren que los vikingos no se hacían daño al limar su dentadura.
Es probable que estas hendiduras, tal vez coloreadas con grasa y carbón, denotaran la profesión o fueran distintivos de honor para los guerreros. “Sobre todo el rellenado con pigmento, de estos surcos les haría parecer aún más aterradores para los monjes y aldeanos cristianos”
El arreglo dental se practica en diversas culturas alrededor del mundo, pero nunca había sido observado en Europa.

A los mayas se les atribuyen los inicios de la odontología cosmética, ya que eran conocidos por decorar los dientes con piedras preciosas o tallando muescas y ranuras en ellos.
Practicaban agujeros minúsculos en los que incrustaban piedras ornamentales, como el Jade y unían con un adhesivo fabricado con resinas naturales, savia de plantas mezcladas con otros productos y huesos triturados.
Los dentistas probablemente tenían un sofisticado conocimiento de la anatomía de los dientes, porque sabían cómo perforarlos sin dañar la pulpa interior.
Cráneo encontrado en Chiapas México.

Los restos antropológicos más remotos de implantes dentales, colocados “in vivo”, pertenecen a la cultura maya.
El arqueólogo Popenoe y su esposa descubrieron en la Playa de los Muertos de Hondurasen en 1931 una mandíbula, que data del año 400 d.n.e., con tres fragmentos de concha de Sagaamote introducidos en los alvéolos de los incisivos.
Los estudios radiológicos determinaron la formación de hueso compacto alrededor de los implantes, haciendo suponer que dichos fragmentos se introdujeron en vida.
Actualmente conservada en el Peabody Museum of Archeology and Ethnology de Harvard.

Una falange de un dedo, es el más antiguo de todos los implantes.
Data de la etapa neolítica, en el poblado de Fahid Suarda (Argelia) se halló el cráneo de una mujer joven con una falange del dedo introducido en el alveolo del segundo premolar superior derecho.
Desde épocas remotas, el hombre buscó muchas maneras de reemplazar los dientes perdidos, mediante la implantación de piedras elastoplásticas (sustancias inertes, extrañas para el tejido humano). Los hallazgos demuestran que la implantología fue desarrollándose desde la pre-historia.
En la imagen.- detalle del implante con cerca de 10.000 años de antigüedad en la que se puede observar la lesión osea encima del segundo premolar, producida por la infección que provocó la pérdida de la pieza dental.

Realizan un sorprendente hallazgo que nos muestra cómo ya se hacían trabajos dentales en la época prehispánica hace 1.300 años. Una de las piezas, presenta un tratamiento odontológico similar a la intervención dental que hoy en día conocemos como “endodoncia”.
Científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Michoacán, han analizado los restos de un individuo masculino, de entre 30-35 años de edad en el momento de su muerte, al cual se le dio el nombre de “Álvaro”-por su lugar de procedencia- (Álvaro Obregón. Mexico), que presentaba una deformación dental que inicialmente fue interpretada como resultado de su actividad laboral, en la cual se requería el uso de los dientes como una herramienta. Posteriormente después de un exhaustivo análisis se observó que presentaba, además de la deformación dental antes citada, un agujero en el canino superior derecho. A partir del análisis que se realizara en conjunto con odontólogos especialistas, fue posible determinar que el diente antes citado, presenta un tratamiento odontológico similar a la intervención dental que hoy en día llamamos “endodoncia”.

Foto: Héctor Sánchez

En la imagen la reconstrucción de un taladro de arco con punta de pedernal, con el que según las evidencias halladas, los “dentistas” del Neolítico podrían haber perforado el esmalte de los dientes con fines terapéuticos.
En Pakistán (Mehrgarh) el equipo del profesor Roberto Macchiarelli, descubrió un total de once dientes perforados de nueve individuos adultos, tanto hombres como mujeres de hace 000 años.
Los agujeros dentales se ajustaban con precisión a varias cabezas de perforación a base de sílex, recuperadas en un lugar cercano.
Las superficies de los dientes posteriores se encontraban desgastados por la masticación, lo que demuestra que esta perforación se realizó en personas vivas. “Los agujeros se han realizado en menos de un minuto y el calor habría sido intenso, causando un enorme dolor” “, dice Macchiarelli.
En cuanto a el motivo se descarta que este fuera por estética o decorativo, ya que los dientes estaban todos en la región maxilar ocultos, detrás de la mejilla. Según el profesor Macchiarelli, “Podrían haber sido hechos para tapar los dientes podridos, con remedios a base de hierbas, o en la creencia de que los orificios abrirían una salida a la fuente de los males”.

LOS GUSANOS DE LOS DIENTES
Los sumerios y los mayas creían que el origen de la caries y del dolor de muelas eran los “gusanos de los dientes”.
Era lógico pensar esto, ya que los agujeros creados por las caries son similares a los producidos por los gusanos en la madera.
En 1728, Pierre Fauchard, reconocido como el “padre de la odontología moderna” afirmó que los ácidos derivados del azúcar como por ejemplo el ácido tartárico son los responsables de las caries, y en los años siguientes, el roer de los dientes del gusano fue relegado al reino de la superstición. Sin embargo, una idea tan extraña persistió en algunos lugares hasta el siglo XX.
– Talla en marfil de un diente humano, en la que vemos el gusano, que se suponía, se había establecido como un parásito dentro del diente Siglo XVIII. Colección del Museo Deutsches Medizinhistorisches, Ingolstadt, Alemania.

Los primeros en usar “pasta de plata” como material de obturación dental fueron los chinos en el siglo VII.
Se trataba de una aleación compuesta de mercurio, plata y zinc. Sin embargo, tardaría más de mil años en ser utilizada por los dentistas de Occidente.
El cepillo de dientes actual, con las cerdas perpendiculares al mango, es también un invento chino (del siglo XV).

El autorretrato de la señora Vigée-Lebrun fue todo un escándalo en 1786. Increíblemente sus labios entreabiertos y ligeramente curvados ¡dejaban ver sus dientes!
Hasta entonces la sonrisa en los cuadros estaba reservada a locos, juglares, borrachos o necios. Sonreír era considerado de mala educación y abrir la boca en aquella época, una mueca grotesca e inaceptable, quizá porque la mayoría de ellas estaban llenas de agujeros y olían a podredumbre.
El aumento del consumo de azúcar y una higiene bucal prácticamente inexistente, (la gente como mucho, se frotaba los dientes con un trapo o usaban un palillo para limpiarse las muelas), contribuyeron al aumento de las caries. Por aquel entonces si una pieza empezaba a doler la única solución era la extracción. No había prevención ni dentistas, sino sacamuelas y tenaceros.
El gesto de la sonrisa ha estado siempre en el equipaje expresivo del ser humano, pero no adquirió hasta el siglo XVIII (y sólo en Francia) el significado amistoso y laxo que hoy le atribuimos. Algo estaba cambiando y si lo que se quería mostrar era algo agradable, había que tener una boca perfecta con dientes blancos.
Fue entonces cuando un grupo de personas con conocimientos de cirugía, comenzó a practicar lo que hoy conocemos como odontología moderna preventiva, -calzas, blanqueadores, ortodoncia- y consideraban la extracción de muelas como un fracaso.
Entre ellos, Pierre Fauchard el “padre de la odontología moderna”. En su obra Le chirurgien dentiste, “El dentista cirujano” 1728 expone todos los aspectos de la prótesis y sorprende la actualidad de algunos de sus conceptos.

Una prótesis dental en Teotihuacán
Según todos los indicios, a esta mujer de aproximadamente cuarenta años, se la realizó en vida una modificación dental intencional en los incisivos centrales superiores. Además tiene incrustaciones de pirita en la parte frontal de los dientes; para ello se tuvo que hacer un taladrado en el esmalte, técnica reportada principalmente en la zona maya, en la región del Petén y Belice.
Sin embargo, el hecho más significativo, fue el hallazgo de una pieza dental hecha con piedra verde (posible serpentina), que tiene forma de un incisivo, con una hendidura circular que simula una incrustación dental; lamentablemente el disco de la incrustación no se localizó.
Por las características de la pieza de piedra verde y las marcas de desgaste que presenta, se llegó a la conclusión de que posiblemente se trate de una prótesis dental, que se colocaba en el área de los incisivos centrales inferiores, mismos que el individuo perdió en vida. La pieza prostética pudo haber sido utilizada por mucho tiempo, lo que ocasionó la formación de tártaro dental o sarro y el desgaste de las piezas dentales superiores.
Fotografía cedida por Jorge Nukyen Archer Velasco.
– Es Un fragmento de la noticia “Hallazgo de Una prótesis dental en Teotihuacán, Estado de México,” de los Autores Verónica Cabrera Ortega, Víctor Hugo Sánchez Bolaños y Jorge Nukyen Archer Velasco, y es íntegramente Público en la edición de Arqueología Mexicana regular, núm. 133, El Titulado de jade en Mesoamérica.

Prótesis dental en Teotihuacán
Esta imagen nos muestra la pieza dental hecha con piedra verde (posible serpentina). Tiene forma de un incisivo, con una hendidura circular que simula una incrustación dental; lamentablemente el disco de la incrustación no se localizó.
Por las características de la pieza de piedra verde y las marcas de desgaste que presenta, se llegó a la conclusión de que posiblemente se trate de una prótesis dental, que se colocaba en el área de los incisivos centrales inferiores, mismos que el individuo perdió en vida. La pieza prostética pudo haber sido utilizada por mucho tiempo, lo que ocasionó la formación de tártaro dental o sarro y el desgaste de las piezas dentales superiores.
Fotografía cedida por Jorge Nukyen Archer Velasco.
– Es Un fragmento de la noticia “Hallazgo de Una prótesis dental en Teotihuacán, Estado de México,” de los Autores Verónica Cabrera Ortega, Víctor Hugo Sánchez Bolaños y Jorge Nukyen Archer Velasco, y es íntegramente Público en la edición de arqueología Mexicana regular, núm. 133, El Titulado de jade en Mesoamérica.

George Washington a partir de los 22 años de edad comenzó a perder piezas dentales. Al cumplir los 56 fue nombrado presidente de los EE.UU con tan solo un diente.
En esa época muchas de las enfermedades que padeció, fueron tratadas con cloruro mercurioso (calomelanos) que provocaba la caída del pelo y de los dientes.
Como consecuencia de todo ello el presidente tuvo que utilizar varias dentaduras postizas durante toda su vida, que le causaban grandes dolores y le deformaban la mandíbula.
Sin embargo a Washington le afligía algo más que el dolor físico. Puesto que le concedía una importancia enorme a la imagen pública que proyectaba, como presidente de una nueva nación le torturaba verla estropeada por la falta de dientes, o por una dentadura mal ajustada que le impedía sonreír en público, comer o hablar con naturalidad.
Esta desfiguración facial es particularmente evidente en la famosa pintura inacabada del artista Gilbert Stuart, el mismo retrato que aparece en el billete de un dólar.
La dentadura que se conserva en Baltimore fue hecha por Greenwood, (el mejor odontólogo de Nueva York), esta tallada en marfil de hipopótamo y sostiene dientes donados involuntariamente por cadáveres -como era la costumbre de la época- o hechos de alce, morsas y otros animales.
Existe la leyenda de que usaba dientes de madera, pero parece ser que este dato carece de fundamento científico. Los dientes artificiales, fácilmente se vuelven marrones y su aspecto antiestético puede dar la esta apariencia.

En la necrópolis de Viale della Serenissima en Roma, se encontraron los restos parcialmente incinerados de una mujer adulta con una prótesis dental del siglo I d.C.
Los dientes anteriores inferiores estaban ligados con un hilo de oro que soportaba un diente “artificial” que al parecer pertenecía a la misma mujer y que fue reutilizado después de su pérdida.
Aunque las prótesis de oro etruscos de los siglos VI-IV aC, son relativamente numerosos, no existe ninguna que date de la época romana, por lo tanto, esta parece ser la primera evidencia arqueológica de la odontología en ese período de tiempo y documenta una práctica difusa mencionado en distintas fuentes literarias, no necesariamente médicas….. por ejemplo, el famoso escritor satírico Marcial siglo primero al que con frecuencia le gusta bromear en sus escritos sobre los aparatos dentales comenta.-
“Lucania tiene dientes blancos, Thais marrones. ¿Cómo puede ser? Una tiene dientes postizos, la otra los propios.
Y tu, Galla, en la noche dejas a un lado tus dientes como lo haces con tu vestido de seda”.

La gran “revolución” de los dientes postizos se produjo con la batalla de Waterloo (1815)
Napoléon salió derrotado y en el campo de batalla quedaron unos 50.000 soldados muertos de ambos ejércitos. La mayoría de estos soldados eran jóvenes y estaban sanos… sinónimo de dientes sanos. A la mayoría de ellos, antes de enterrarlos, se les sacó los dientes que, en su totalidad, fueron a parar “al mercado inglés“. A este tipo de dentaduras se les denominó “Waterloo Teeth” (dientes de Waterloo) y durante varios años se siguió llamando así a todas las dentaduras postizas elaboradas con dientes sanos, independientemente de su procedencia.
Era todo un lujo llevar una “Waterloo Teeth”

Los etruscos en el siglo IV a.C, ya fabricaban prótesis dentales con tiras de oro blando para rodear los dientes sanos y sujetar los dientes artificiales. Los dientes “sustitutos” que colocaban solían ser de vaca o buey, en algunas ocasiones, cortándolo por el centro dándole la apariencia de dos dientes. Estos dientes se sacaban de la mandíbula de animales jóvenes probablemente antes de su erupción, pues muy pocos muestran signos de roce o desgaste en sus cúspides.
También era frecuente, el uso de dientes de sustitución humanos, extraídos a cadáveres en la batalla, que se fijaban al armazón metálico, mutilándoles la raíz.
Esta pieza dental del siglo IV a. c, está expuesta en el Museo de la Escuela Dental de París. Constituye una de las primeras prótesis dentales fijas de la historia y sostiene un diente tallado (probablemente de buey) entre los otros naturales.

Modelo para el estudio y tratamiento de fracturas de mandíbula.
Fabricada probablemente por Giovanni Ambrogio Stoppany (1868 -1945), profesor de patologías, anomalías de los dientes y prótesis maxilofaciales.
Instituto de Odontología de la Universidad de Zurich.

TORNO DENTAL
Torno dental de 1864 con un curioso y revolucionario mecanismo a cuerda (simlilar a los antiguos juguetes).
Inventado por George Harrington fue apodado el “Erado” , era capaz de taladrar el diente durante dos minutos y manejable con una sola mano.
Hecho en plata y finamente tallado, este “aparato dental” se suministraba en una caja de nogal por seis guineas.
La Sociedad Odontológica en su momento, expresó su preocupación por el exceso de ruido y la vibración del instrumento.
En 1871 James B. Morrison patentó su torno de pedal basada en la máquina de coser de Isaac Singer y revolucionó el mundo de la odontología, desapareciendo el “erado”.

Cráneo con desgaste extenso a los huesos y los dientes, c. 2000BC.
EL DIA DE HOY LLAMADO BRUXISMO.

A finales de la Primera Guerra Mundial, la ciudad de Budapest sufrió una trágica epidemia de suicidios masivos, que la llevó a ser conocida como “La ciudad de los suicidios”.
Para poner freno a esta dramática situación, un psicólogo, conocido como profesor Jenö y un famoso hipnotizador, llamado Binczo, proponían en la sección de anuncios de los periódicos enseñar a sonreír como cura a la tristeza.Lo que empezó como una broma resultó ser lo que realmente necesitaba el pueblo húngaro. Se crearon los Smile Clubs, sitios donde entrenar la alegría humana. Mediante ganchos, máscaras rígidas y carteles ilustrados, prometían conseguir una sonrisa natural y perfecta.
Quizá este episodio fue el detonante de la “risoterapia”, una técnica psicoterapéutica que pretende producir beneficios mentales y emocionales por medio de la risa.
Foto publicada originalmente en Het Leven Magazine, 1937.

Cuando los radiólogos llevaban traje…Y los Odontologos babero de plomo .
Los rayos X fueron descubiertos por el físico alemán Wilhelm Conrad Röentgen en noviembre de 1.895. Un año más tarde aparecían las primeras consecuencias perjudiciales de la radiactividad, cuando el físico francés, Henri Becquerel, sufrió quemaduras con un frasco que contenía Ra226.
Por lo tanto, hubo un periodo en el que la protección no se creía necesaria, hasta que comenzaron a surgir los primeros datos.
La primer víctima fallecida por las radiaciones ionizantes fue Clarence Madison Dally, ayudante de Thomas Alva Edison (el inventor del fluoroscopio).
En 1896, con el fin de mostrar su nuevo equipo de rayos X, con el que se podía observar las sombras en el esqueleto humano, Dally expuso reiteradamente sus manos. Poco tiempo después, se ulceraron y tuvieron que ser amputadas.
El cáncer fue progresando, hasta que en 1.904 acabó con su vida.

Exposición Radiológica con protección.
Salón Central. Westminster (londres) 1934.

De esta forma se les enseñaba a las higienistas dentales en la Fuerza Aérea Real de Halton en Buckinghamshire.
Foto: revista Life.

Prueba de lápiz labial, 1950.

Restos de una mujer de Teotihuacán con un diente de jadeíta, que fue unido con cemento o conectado con la fibra a su mandíbula. (del 350 al 450 d.C.).

Grapa con extensión para retracción de lengua y carrillos.

Fuente: Dr. Antonio Vásquez Mendoza

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